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¿Dónde trabajas? ¿Dónde está tu oficina?

Escribo este post desde un café, con una excelente Wifi, con música sonando, ya sin humo afortunadamente, y después de un completo y largo día de trabajo.

Hoy  hemos tenido una reunión interna en una mesa de comedor y hemos estado en dos oficinas que no eran las nuestras. No hemos pisado nuestra oficina, y sin embargo hemos sido productivos, sin desplazamientos innecesarios.

La sensación de cambio en las formas de trabajo en los sectores basados en el conocimiento es cada vez más veloz, y parece que cada vez más conviven los sistemas basados en poca o mucha gente en una oficina con los de poca gente, con una base pero no atados a una silla y una mesa.

Es más flexible, pero aún no se puede ser radical. No es teletrabajo, es otra cosa. ¿Cómo prefieres trabajar tú?

You could be hero, just for one day

Se está acabando el año, y muchos piensan en cenas, vacaciones y navidades. Entre ellos, un pequeño porcentaje de pequeños empresarios, autónomos, profesionales,… están además planificando cómo cerrar el año, y piensan en el incierto 2012.

De entre ellos, algunos han comenzado algo, una microempresa, una profesión independiente,… en el duro año 2011. Han aprendido lo que es facturar, cobrar, pagar, contratar, el IVA, buscar un nombre, vender, el IRPF, la cuota de autónomos, los seguros sociales, las presentaciones, el reparto de tarjetas, el networking, la inseguridad, los bancos, el adios a los ingresos fijos, la alegría de ponerse un sueldo o de vender algo grande, volcarse con los clientes y confiar en las colaboraciones, tener empleados y generar valor y riqueza. Seguro, que como nosotros, se lo han pasado en grande y han disfrutado, a pesar de lo duro que es.

Algunos buenos, aún entre dudas, charlas de café y crisis, no se atreven a dar el paso, y muchos no lo darán nunca. Sólo hace falta ser heroes un sólo día. Luego las cosas, con mucho trabajo, mucho esfuerzo, muchos problemas y mucha lucha, salen solas.

¿Para qué?

Santiago Niño Becerra

El crash

Hace unos días leí en Twitter a alguien que citaba una frase de Santiago Niño Becerra, un conocido economista que se ha hecho popular al ponerse en el escenario más dramático y catastrofista para la situación económica: El crash de 2010“,… aparte de presentar una imagen física un poco literaria que me cae simpática.

Ojee un poco sus libros, y al menos sus argumentos son razonables y coherentes, y no pesimistas del todo (aunque se está quedando corto), sino que tienen un toque de esperanza y de planteamiento de soluciones para algo que hay que hacer de forma inevitable. Su argumento básico es que esta es una crisis totalmente diferente a las crisis cíclicas típicas del capitalismo. Esta es una crisis de agotamiento total de un modelo económico basado en el crecimiento, en la producción basada en los supuestos recursos infinitos y en el enorme volumen de deuda que ha sido necesario generar en los consumidores para alimentar ese crecimiento. Según él la crisis acaba de empezar y todo tiene que recolocarse durante los próximos diez años.

De un sistema basado en el despilfarro de recursos hay que pasar a un sistema basado en la eficiencia absoluta en su uso. Va a ser cada vez más difícil destinar recursos a iniciativas que no tengan un total sentido de eficiencia. Ni un sólo euro, dolar o yuan debe desperdiciarse. Ni un sólo litro de agua debe perderse en una tubería. Ni una sola hora de trabajo. Ni un sólo esfuerzo.  Deberemos comenzar a vivir según lo que tenemos. Y de ahí viene la frase: “A partir de ahora la pregunta básica será: ¿PARA QUÉ?

Y la respuesta de ese “¿PARA QUÉ?” está principalmente en las sinergias y la colaboración para que cada esfuerzo tenga sentido. En ello estamos.

¿La hora de los pequeños en los grandes?

La hora de los pequeños

Comprobamos, desde que comenzamos la aventura de Audentis Network, como poco a poco los “grandes clientes” del sector de las tecnologías de la información están comenzando a confiar en los modelos basados en expertos con nombre, cara y ojos que forman equipos pequeños, ágiles y comprometidos, en convivencia con los modelos de servicio de grandes empresas proveedoras que basan su fortaleza en el prestigio de una marca.

A los grandes clientes privados les está costando mucho dar entrada a los pequeños, pero las fuerzas de la recesión económica por un lado, y las en muchas ocasiones decepcionantes experiencias en resultados y retornos de inversión de los modelos tradicionales durante los años de grandes presupuestos, están abriendo pequeñas puertas a grupos de profesionales independientes.

Es común el caso del profesional que se ha ganado la confianza personal de un responsable en un gran cliente, y que ha demostrado compromiso y profesionalidad en pequeños proyectos puntuales, “burlando” los filtros de los departamentos de gestión.

Poco a poco esa confianza suele dar entrada en proyectos mayores, y es usual que entonces se creen equipos especializados de colaboradores en la órbita del profesional que cuenta con la confianza del cliente. Esos pequeños equipos se fundamentan en la profesionalidad y la colaboración basada en conocimientos y especialidades complementarias, y sobre todo en personas que se juegan su prestigio profesional tanto frente a sus socios como frente al cliente.

Ese terreno es aún muy mayoritariamente de las grandes, pero creemos que cada vez se dará una convivencia más acusada de los dos modelos, y que las oportunidades de crecimiento están cláramente del lado de los grupos de pequeños. Otra historia son las Administraciones Públicas, pero eso será tema para otro post.

Sobre carpinteros, oficiales de primera y programadores senior.

El oficio

En el sector TIC existe la convención de utilizar categorías profesionales, sobre todo en el campo de la programación y desarrollo del software, al igual que en los oficios clásicos se usaban y se siguen usando categorías: aprendiz, oficial, oficial de primera, maestro,…

En el mundo del software se sigue una clasificación similar, lo que para disgusto de los colegios profesionales y de los luchadores por la certificación y visado de los proyectos informáticos, aproxima más este trabajo a un oficio que a una ingeniería o una titulación académica.

Esta es una realidad que nos ha confundido durante muchos años a los informáticos. Tras pasar por la universidad nos encontramos con un mercado que busca aprendices y oficiales de primera, vestidos eso sí con una sintaxis anglosajona un poco más snob y engañosa: junior, senior, manager,… con unos periodos de evolución mucho más rápidos entre las categorías y desgraciadamente con unos niveles salariales más cercanos al de los oficios o incluso inferiores.

Mi padre es carpintero, y recuerdo la importancia que le daba a la categoría profesional y como ésta estaba ligada directamente a su salario. La categoría no se obtenía por exámenes o estudios, si no por los años de experiencia. A mi padre, que empezó a trabajar a los 14 años, le costó 20 años alcanzar la categoría de oficial de primera.

Mi padre es muy bueno en lo suyo. Le encanta hacer muebles. Está orgulloso de sus trabajos y es perfeccionista. No necesita jefes ni nadie que tome las decisiones sobre cómo crear un proyecto o solucionar un problema. Es responsable al 100% de su trabajo, con todas las consecuencias, porque conoce su oficio, le gusta y se concentra en él.

No hay nada mejor que encontrar un oficial de primera para el desarrollo de software. Conozco a un puñado: séniors, júniors, managers o simplemente profesionales, y cuando colaboras con ellos todo es más fácil. Uno de los objetivos principales de Audentis Network es, con mucho esfuerzo, encontrarlos, trabajar con ellos y ayudarles a generar oportunidades y negocio.

La fuerza de la pre-ocupación

Preocupado

Pre-ocupado

Una de las fuerzas más poderosas en el comportamiento humano es sin duda el miedo. Sentir miedo es desagradable y en muchos casos paralizante, y sin embargo es absolutamente natural y una de las causas principales del funcionamiento de la sociedad y de los negocios. El miedo hace que nos mantengamos en una situación laboral o profesional que no nos satisface, pero que temamos a la incertidumbre. El miedo es el que hace que no aprovechemos oportunidades porque son arriesgadas, y el miedo es el que nos motiva a, entre otras muchas cosas, contratar seguros, ahorrar o mantener algunas precauciones básicas en las relaciones con los demás.

Parece pues que el miedo es algo que hay que dejar de lado o que hay que superar a la hora de empezar o desarrollar una empresa, o de funcionar como un profesional independiente. Teóricamente esas actividades requieren de optimismo y valentía. Hay que arriesgar y dejar atrás el miedo a la incertidumbre y a los problemas. No estoy de acuerdo del todo.

Tener preocupación por nuestros proyectos o empresas, planificando el futuro, y sentir un cosquilleo de nerviosismo antes de una reunión importante o de una situación exigente, es algo que considero imprescindible para trabajar.

No hay nada más peligroso y con menor fiabilidad que la inconsciencia y el optimismo sin fundamento. Siempre dudo si la gente con la que trato en las relaciones profesionales no tienen dudas en sus capacidades o en sus proyectos, o si creen absolutamente en si mismos y en el brillante futuro. Una duda, o un “no estoy seguro” o “déjame pensarlo”, si es honesto, refuerza la calidad de un planteamiento o de un proyecto.

Estar preocupado es saludable, si esa preocupación no es paralizante y no deriva en pánico. Esa preocupación debe ser la demostración de que algo nos importa y una situación previa a la acción (pre-ocupación). La preocupación, como garantía de que nos tomamos las cosas en serio, en todos los aspectos y en las responsabilidades con nuestros socios, empleados, clientes o allegados.

Si tu trabajo o tus responsabilidades no te pre-ocupan, quizás no seas de fiar.

Jugar en un campo embarrado


Realmente la situación económica es muy, muy difícil
. No para de llover desde mediados del año 2008 y todo apunta a peor. Durante este tiempo lo que antes era crecimiento más o menos fácil paras las empresas tecnológicas, proyectos con recursos poco medidos y con resultados poco exigentes, administraciones públicas alegres y derrochadores, pagos puntuales y oportunidades para todos, se ha convertido en algo mucho menos agradable.

El terreno de juego durante estos años se ha embarrado y lo que antes funcionaba para todos, ahora está requiriendo grandes esfuerzos y ensuciarse las botas. Llevábamos mucho tiempo acostumbrados a jugar en campos limpios, sin barro y sin requerir mucho esfuerzo para empujar la pelota, y ahora parece que todo es más desagradable en nuestro sector. Y esto no es una tormenta pasajera. No es temporal. Esto es la realidad y lo anterior no volverá.

Sin embargo, los partidos no se suspenden por la lluvia, si no que los jugadores cambian las botas y la forma de jugar, y pelean. Si el campo está embarrado hay que asumirlo, ponerse tacos de aluminio y jugar de otra forma. Lo que es poco realista es mirar al cielo y no jugar, o asustarse por un poco de barro.

No habrá negocios fáciles ni proyectos no meditados y sin exigencia. No habrá oportunidades por que sí o por que la competencia hace lo mismo. No habrá hitos de pago benévolos. No habrá salarios de 40.000 o 50.000 € en las empresas (sólo para muy pocos). No habrá seguridad ni planes de carrera siempre en ascenso. No habrá administraciones que derrochen millones de euros en mastodónticos proyectos tecnológicos o en contrataciones de ETTs. No habrá subvenciones. No habrá seguridad. No habrá crecimiento fácil.

Parece un panorama terrible, pero afortunadamente, la economía, las necesidades, la tecnología y las oportunidades estarán ahí siempre: para los que hagan las cosas de otra forma, para los que sean pequeños y ágiles, para los que sean muy buenos en algo y para los que colaboren.

Habrá grandes oportunidades para los que gestionen las relaciones profesionales y laborales de otra forma y para los que de verdad se vuelquen con sus empresas, sus clientes y sus personas. Hay y habrá enormes oportunidades para los que se arriesguen ahora y para los que de verdad crean en la innovación, en la tecnología y en los negocios. Y sobre todo habrá muy pocas oportunidades para los que se aburran.

Por que los que comiencen ahora se acostumbrarán al barro y a la dureza de un campo de juego difícil, y aprenderán a divertirse en esas condiciones. Si te apasiona el juego, si crees de verdad en lo que haces, ¿qué significan unos charcos y un poco de barro?

Sobre gadgets, herramientas y el día a día

Cambio

Mi día a día en cuanto al uso de herramientas de trabajo y gadgets tecnológicos en 18 meses:

Enero 2010:

  • Un PC (Sony Vaio)
  • Windows Vista.
  • Microsoft Office como única herramienta de ofimática (Word, Excel, Powerpoint,…)
  • Correo electrónico empresarial con Microsoft Outlook y Microsoft Exchange, y decenas de carpetas.
  • Agenda gestionada con el mismo Outlook y el mismo Exchange, integrada con la Blackberry.
  • Contactos en Outlook.
  • Ficheros y documentos almacenados localmente en algunos casos, con dependencia de un portatil concreto, y en un directorio de un servidor empresarial en otros casos.
  • Una Blackberry 8900.
  • Actualización de noticias empresariales en un sitio web, con una aplicación de un CMS.
  • Lectura de webs técnicas y de negocio de forma directa principalmente.
  • Sin blog, sin uso muy frecuente de redes sociales personales (Facebook, Twitter,…), unas pocas decenas de contactos.
  • Sin utilización de Linkedin como herramienta profesional y de networking, otras pocas decenas de contactos.
  • Trabajo en grupo basado principalmente en intercambios de emails.
  • Comunicaciones vía teléfono y SMS principalmente.

Agosto 2011:

  • Un MacBook Pro.
  • OS X Lion.
  • Microsoft Office como principal herramienta de ofimática, pero planteándome comenzar a usar cada vez más iWork y con un uso bastante grande de Google Docs sobre todo para compartir y trabajar en grupo sobre documentos.
  • Correo electrónico 100% en Gmail con varias cuentas y 10 etiquetas.
  • Agenda en Google Calendar, con múltiples calendarios y compartida con quien quiero e integrada y sincronizada con la del iPhone.
  • Contactos en Gmail y Linkedin.
  • Todos los ficheros con los que trabajo en Dropbox, accesibles desde cualquier equipo (mio o no) y desde cualquier dispositivo móvil (iPhone, iPad,…)
  • Un iPhone 4.
  • Un iPad.
  • Actualización de las “noticias” en la web mediante Twitter.
  • Lectura de feeds mediante Google Reader.
  • Un blog, consulta diaria (varias veces) de redes sociales personales (Twitter, Facebook, Google+…) y uno o dos Twetts al día. Más de 300 amigos en Facebook y unos 120 en Twitter.
  • Utilización clara de Linkedin como herramienta de gestión de contactos comerciales y networking. Más de 500 contactos.
  • Utilización exhaustiva de herramientas de gestión de proyectos y colaboración en la nube: Teambox y Basecamp.
  • Uso de Skype, Whatsapp, Google Talk,…

Sin contar la dependencia de Google Maps, Youtube,…

Sólo Office se mantiene en mi rutina diaria, con posibilidades de caerse en unos meses. El único rastro de Microsoft. Tampoco hay muchos rastros de software libre como concepto. Todo lo demás ha cambiado radicalmente en poco más de un año, y salvo los cacharritos de Apple, mucho más caros, todo lo demás es mucho más barato y sencillo.

Google y Apple como dos monstruos y unos pocos jugadores pequeñitos de soluciones específicas.

El mundo sigue cambiando y es divertido.

Autonomía, maestría y propósito

Un estupendo video, del siempre interesante TED. Daniel Pink exponiendo cómo los sistemas de motivación empresariales clásicos (recompensas económicas o acensos, y “castigos” de estancamiento), pueden estar basados en condicionantes erróneos o ya no válidos en los nuevos trabajos.

Frente a esto: motivación intrínseca basada en tres conceptos.

  • Autonomía: yo soy responsable de mi trabajo y de dónde, cuándo y cómo lo desarrollo.
  • Maestría: el hacer y ser cada vez mejor en una o varias áreas de conocimiento es la mayor fuente de realización profesional.
  • Propósito: el hacer algo que de verdad tenga sentido para mi es el principal motor de la productividad y de la motivación.

El video tiene ya dos años. Os lo recomiendo:

Frederick Winslow Taylor murió en 1915

Frederick Winslow Taylor

Frederick Winslow Taylor

¿Quién fué este señor? Probablemente uno de los principales fundadores del “management” que se ha aplicado durante los últimos 100 años en las empresas e industrias, estudiado y venerado en universidades y escuelas de negocios. Taylor creó y puso en práctica una serie de conceptos que cambiaron radicalmente los sistemas de trabajo a principios del siglo XX. Sus métodos y sus ideas se organizaron bajo el concepto del “Taylorismo”, y están muy bien resumidas en el artículo correspondiente de la Wikipedia:


“Taylor elaboró un sistema de organización racional del trabajo, ampliamente expuesto en su obra Principles of Scientific Management (1912), en un planteamiento integral que luego fue conocido como “taylorismo”. Se basa en la aplicación de métodos científicos de orientación positivista y mecanicista al estudio de la relación entre el obrero y las técnicas modernas de producción industrial, con el fin de maximizar la eficiencia de la mano de obra y de las máquinas y herramientas, mediante la división sistemática de las tareas, la organización racional del trabajo en sus secuencias y procesos, y el cronometraje de las operaciones, más un sistema de motivación mediante el pago de primas al rendimiento, suprimiendo toda improvisación en la actividad industrial.

Frederick W. Taylor intentó eliminar por completo los movimientos innecesarios de los obreros con el deseo de aprovechar al máximo el potencial productivo de la industria. Hizo un estudio con el objetivo de eliminar los movimientos inútiles y establecer por medio de cronómetros el tiempo necesario para realizar cada tarea específica.

Al taylorismo como método de trabajo, aplicado a la revolución industrial, siguiendo las ideas de Frederick Winslow Taylor, se le denominó organización científica del trabajo o gestión científica del trabajo [...]. Se basa en la división del trabajo en dirección y trabajadores, la subdivisión de las tareas en otras más simples y en la remuneración del trabajador según el rendimiento.

El sistema de Taylor bajó los costos de producción porque se tenían que pagar menos salarios, las empresas incluso llegaron a pagar menos dinero por cada pieza para que los obreros se diesen más prisa. Para que este sistema funcionase correctamente era imprescindible que los trabajadores estuvieran supervisados y así surgió un grupo especial de empleados, que se encargaba de la supervisión, organización y dirección del trabajo. [...] Su obsesión por el tiempo productivo lo llevó a trabajar el concepto de cronómetro en el proceso productivo, idea que superaría a la de taller, propia de la primera fase de la Revolución Industrial.

[...]

Según el propio Taylor, las etapas para poner en funcionamiento su sistema de organización del trabajo eran las siguientes:

  1. Hallar diez o quince obreros (si es posible en distintas empresas y de distintas regiones) que sean particularmente hábiles en la ejecución del trabajo por analizar.
  2. Definir la serie exacta de movimientos elementales que cada uno de los obreros lleva a cabo para ejecutar el trabajo analizado, así como los útiles y materiales que emplea.
  3. Determinar con un cronómetro el tiempo necesario para realizar cada uno de estos movimientos elementales y elegir el modo más simple de ejecución.
  4. Eliminar todos los movimientos mal concebidos, los lentos o inútiles.
  5. Tras haber suprimido así todos los movimientos inútiles, reunir en una secuencia los movimientos más rápidos y los que permiten emplear mejor los materiales más útiles.

La aplicación del sistema de Taylor provocó una baja en los costos de producción porque significó una reducción de los salarios. Para estimular a los obreros a incrementar la producción, muchas empresas disminuyeron el salario pagado por cada pieza. Hacia 1912 y 1913 se produjeron numerosas huelgas en contra de la utilización del sistema de Taylor.

Quedaba atrás, definitivamente, la época en que el artesano podía decidir cuánto tiempo le dedicaba a producir una pieza, según su propio criterio de calidad. Ahora, el ritmo de trabajo y el control del tiempo de las tareas del trabajador estaban sujetos a las necesidades de la competencia en el mercado.”

 

En su reseña personal, un párrafo trata de encontrar las justificaciones personales a su método de pensamiento:

“Según Antonio Serra Moneda, Taylor desde su adolescencia comenzó a perder la vista, además, su cuerpo era de contextura débil y no podía participar de los juegos que los otros organizaban como el béisbol y el tenis. “Obligado al degradante, para un muchacho, papel de espectador, dedicó su vida a concebir cómo mejorar el rendimiento del esfuerzo físico derrochado por los jugadores mediante un diseño más adecuado de los instrumentos por ellos utilizados”. Esta actitud lo marcaría de por vida, para él lo importante era medir el esfuerzo, el lugar y los movimientos para obtener una vasta información y, de ahí, sacar provecho de manera que se diera la mayor eficiencia posible tanto en el deporte como en la producción. Sus biógrafos también lo califican como una persona de actitud inflexible frente a las reglas del juego “incluso un juego de criquet representaba para él una fuente de estudio y de análisis”.

Estoy convencido, de que muchos colegas, colaboradores, compañeros en el sector de las Tecnologías del Información, se sienten muy identificados con la aplicación del “Scientific Management” a su trabajo diário. Frente a autonomía, creatividad e innovación: medición y control de horas facturables. Frente a un conjunto de “artesanos” con poder sobre su trabajo, y organización basada en relaciones de iguales: establecimiento de diferentes niveles directivos encargados de supervisar, organizar y controlar.

Sabed que este señor, quizás un poco acomplejado, que murió hace casi 100 años, es uno de los orígenes de muchas de las cosas que vemos como principios inamovibles y establecidos en la gestión empresarial y del trabajo. 100 años es mucho tiempo. ¿Tu quieres trabajar así?