Economía egipcia

En los últimos años se está viendo al emprendimiento como una de las panaceas al desempleo y la crisis económica en España. Proliferan las organizaciones públicas y privadas: viveros, semilleros, aceleradoras, planes de asesoramiento, subvenciones, business angels, … que  buscan crear un clima emprendedor entre los jóvenes y los desempleados. Son múltiples las charlas, jornadas, seminarios y “saraos” alrededor de los emprendedores, la creación de startups, las metodologías para conseguir inversores y los diferentes “Silicon Valleys” que cada ayuntamiento de provincias quiere crear en su parque empresarial o flamante edificio construido durante los años buenos.

Todo esto no es negativo y es dinamizador, y ciertamente son las nuevas empresas las que pueden generar empleo y riqueza en el panorama actual de destrucción económica en las empresas existentes. Por ello estos actores hacen bien en fomentar esta mentalidad, siempre que lo hagan con rigor y con seriedad.

El mayor problema puede ser lanzar al ruedo a personas que no tienen realmente más motivos para emprender que salir del desempleo y que la cornada de la realidad y del mercado les golpeen con fuerza. En algunos casos, esta infraestructura de apoyo a los emprendedores noveles, tanto pública como privada, puede actuar como una burbuja que aisle a estas nuevas empresas de sus objetivos, primando la búsqueda de ayudas públicas, ángeles inversores o I+D+i de laboratorio, frente a las realidades y durezas del mercado, la labor comercial, la facturación y la generación de recursos y beneficios desde las primeras fases del inicio de la actividad.

El éxito de una empresa no está en su creación o en la obtención de financiación o inversión, sino en su cuenta de resultados. Y es en esa cuenta de resultados donde las administraciones públicas pueden impactar más, con una estructura fiscal diferente a la actual que obliga a los autónomos y a los pequeños empresarios a soportar cargas impositivas elevadas en las fases iniciales de una empresa, en algunos casos con independencia del beneficio o la facturación (cuotas de autónomos, módulos,…) y en casi todos obligando al pequeño empresario a actuar como un recaudador y financiador de las administraciones (IRPF, IVA, impuesto de sociedades, cotizaciones sociales,…).

Dar por un lado y quitar por otro

Dar por un lado y quitar por otro

La carga fiscal de un autónomo o una micropyme en sus primeras etapas no debería ser la de las empresas establecidas, y debería favorecer la disponibilidad de la mayor parte de los recursos para la inversión y la generación de beneficios, momento en el cuál la empresa estará encantada de pagar muchos impuestos.

Es fantástico fomentar y apoyar la creación de empresas por parte de las administraciones y otros agentes, pero no se trata de dar por un lado y quitar por otro, ni de fomentar “falsas vocaciones”. Confíen ustedes, señores recaudadores, en los que se arriesgan y apártense a un lado durante el inicio de la actividad. Simplemente déjese hacer a los que de verdad quieren crear una actividad empresarial. Ese podría ser el mayor apoyo a los emprendedores, y el retorno fiscal puede ser mucho mayor a medio y largo plazo.

Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada mediante el canal RSS 2.0. Puedes dejar un comentario o enviar un trackback desde tu propio sitio.

Deja un comentario

XHTML: Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>